Los ejércitos se preparan para luchar guerras sin petróleo

La idea de hacer volar cazabombarderos con algas, madera o paja, a primera vista descabellada, es estudiada seriamente por el ejército francés, que considera que la biomasa puede ser la fuente de combustible del futuro cuando ya no quede petróleo.
Al igual que la aviación civil o el sector automovilístico, la Defensa francesa sufre el impacto del alza vertiginosa de los precios del petróleo y se preocupa por la disminución eventual de las reservas.
Los precios del crudo se han duplicado en dos años, por lo cual la factura petrolera de la defensa francesa también ha aumentado 100% desde 2005.
Para amortiguar las variaciones en las cotizaciones, las fuerzas armadas francesas recurren, al igual que las compañías aéreas civiles, a instrumentos financieros que les permiten cubrir las fluctuaciones de precio coyunturales.
Pero en el horizonte de 2040 -que no está muy lejos, si se considera que los programas de armamento se planifican por décadas- habrá que diversificar sin duda las fuentes de aprovisionamiento, a menos que se vuelvan a utilizar galeones o globos dirigibles.
“El perfil de la producción petrolera actual podrá ser mantenido hasta 2030, más o menos, si los países productores lo deciden así”, explicó Yves Mathieu, del Instituto Francés del Petróleo (IFP).
“Después, la producción declinará rapidamente, tanto que los ejércitos deberán prepararse para disponer de alternativas en 2040, o de vehículos que funcionen con otros combustibles que los tradicionales”, dice este especialista en reservas petroleras y gasíferas del mundo.
Los carburantes de síntesis podrían ser la solución. Al escasearle el petróleo, la Alemania nazi los utilizó abundantemente, desarrollando una línea de producción a base de carbón, un procedimiento inventado por dos químicos alemanes de los años 20, Franz Fischer y Hans Tropsch.
La fórmula Fischer-Tropsch es de actualidad. Sudáfrica, que estuvo bajo embargo comercial por el apartheid, es líder en este campo.
En Estados Unidos, país que tiene un 15% de las reservas mundiales de carbón, la fuerza aérea estadounidense ha multiplicado los experimentos y ha logrado que unos 40 aviones militares (B-52, B-1, C-17) funcionen sin problemas.
En cuanto a las fuerzas armadas francesas, bien podrían recurrir a una solución algo diferente: carburantes sintéticos pero extraídos de la biomasa.
“Extraídos del carbón o del gas, los carburantes sintéticos son sumamente contaminantes, ya que su producción lanza importantes cantidades de CO2 (principal gas con efecto invernadero) a la atmósfera”, explicó Hubert Sansot, ingeniero de prospección de la Delegación General para el Armamento (DGA).
“La otra vía, para Francia, son los carburantes sintéticos obtenidos a partir de la biomasa, lo que corresponde más a nuestros recursos naturales y que respeta los acuerdos nacionales sobre medio ambiente”, explicó.
La implementación de esos combustibles sintéticos de segunda generación es sin embargo delicada, ya que exigirá un sistema de recuperación de residuos de madera, de paja o de recolección de algas.

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